Carretilla de carga

carretilla de carga

El diablito de carga, en su versión de carretilla de carga

Una carretilla de carga, carro de carga o carreton, como se conoce en cada diferente mercado, es esencial para transportar cosas pesadas por los pasillos de los mercados.

Ya sea en la Central de Abasto, el Mercado de la Merced, los viveros o casi cualquier mercado de México, vemos gente empujando estos carros llevando bolsas, plantas, frutas, verduras y otros artículos que de otra manera obligarían a hacer muchos viajes.

A lo largo de los pasillos del mercado vemos a los diableros, aquellas personas que empujan el diablito de carga cargando y descargando mercadería a medida que van comprando o vendiendo.

Como lo cuenta en primera persona un comerciante y diablero de la Central de Abastos, un diablito carretilla de carga no solo previene lesiones sino que además da de comer a unos 10.000 diableros o carretilleros cada día en la Central.

En la Central de Abasto hay alrededor de 10.000 diableros de acuerdo con cálculos de Ubaldo López, quien conoce mucho del tema. Llegó en 1982 a trabajar como carretillero y desde entonces ha sido testigo del movimiento en este lugar.

Carretilla de carga casera

El mismo fabrica las carretillas de carga, de forma casera, para ahorrar.

Desde los 4 años trabaja, y comenzó en una carrocera aprendiendo a soldar metal y hacer dobleces, habilidades que hoy le permiten fabricar su propia carretilla de carga.

Precio y alquiler de carros de carga

El comerciante vio un negocio en su habilidad de soldar y fabricar carros de carga caseros. Por eso alquila y vende las carretillas que el fabrica.

La renta está en 20 pesos por uso, a veces la tarifa se mueve porque depende de la oferta y la demanda.

Tiene una buena dotación de estos grandes diablitos de carga, ya que son de su propiedad unos doscientos cincuenta carros de carga.

Si alguien quiere comprar una carretilla de carga para su comercio, Don Ubaldo también se los vende, en un precio de entre cuatromil y cuatromil quinientos pesos.

Pero Don Ubaldo también ha visto una labor social en la fabricación de estos diablos para cargar. A la Central de Abasto llega mucha gente humilde de los pueblos buscando trabajo como diablero, o buscando mercadería para revender en su pueblo.

A mucha de esta gente necesitada el comerciante termina frecuentemente prestándole sus carretillas de carga.